sábado, 9 de julio de 2011

Superfreakonomics

Acabo de terminar de leer Superfreaknomics, y me encuentro en un estado de desamparo literario “dantesco”, por lo que pedí asesoría especializada para elegir el próximo libro a @tromben (mi hermano menor, como a él le gusta decir, y el oscuro personaje tras el economistamarginal.blogspot.com), quien no cumpliendo con su juramento hipocrático, no me recomendó un libro, si no que me instó a escribir una reflexión sobre superfreakonomics…

Y Tomé el guante…

Para los que no conocen freakonomics – menos podrán conocer superfreakonomics- se trata de un libro escrito por el profesor de economía de la U de Chicago y director del Becker Center on Chicago Price Theory, Steven Levitt y por el periodista Sthephen Dubner, que trata de profesores que hacen trampa, nombres raros, corredores de propiedades truchos, hijitos de mama traficantes de pasta base.

Luego escribieron superfreakonomics, en que explican en que se parece el viejo pascuero y una prostituta, o porque es más peligros caminar borracho que manejar borracho y como detener el calentamiento global o los huracanes.

Para que estas líneas no sean tachadas de un spoiler generalizado de un libro que ciertamente recomiendo leer, sobre todo a los legos –como yo- en materias económicas, no me voy a referir a un capitulo en general, como me sugirió @tromben, sino que a una idea que subyace a lo largo del libro y que dice relación con la simplicidad, o más bien, como a través de soluciones simples y baratas, se puede solucionar, o por lo menos tratar de solucionar, problemas complejísimos, de una entidad tal como el calentamiento global o las muertes por accidentes de tránsito.

Al parecer, frente a un problema complejo, no queda otra posibilidad que buscar soluciones igualmente, o quizás más complejas, con repercusiones o externalidades muchas veces insospechadas y otras tantas, peores que el problema que se trataba de solucionar, de hecho los autores señalan que “la ley de consecuencias no intencionadas es una de las leyes más poderosas que existen.” y citan la Ley de Norteamericanos con Discapacidades, cuyo resultado fue una menor de cantidad de trabajos para personas con discapacidades, ya que los empresarios, estaban tan preocupados de no poder sancionar o despedir a los malos trabajadores que tuvieran una discapacidad, que evitaban desde un principio contratar a tales trabajadores.

A Robert MacNamara, celebre o tristemente conocido por su rol en la guerra fría, antes de entrar al servicio público, trabajó en la Ford Motor Company con el objeto de mejorar las condiciones de seguridad y de disminuir los muertos y heridos en accidentes automovilísticos.

Constató que los que sacaban la peor parte en un accidente eran los que iban sentados al lado del chofer, por lo que inicialmente ordenó modificar el volante y la implementación de un tablero acolchado. Luego se dio cuenta que la solución era mucho más barata y simple, y en vez de preocuparse por donde chocaría la cabeza de un pasajero cuando saliera expulsado, mejor era preocuparse de evitar que saliera expulsado.Y se preguntó por qué si los aviones tenían cinturón de seguridad, por qué no los autos... Por eso hizo que todos los autos tuvieran un………. cinturón de seguridad, que cuesta $25 dólares por unidad y son “los aparatos salvavidas más efectivos, en relación con su coste, que jamás se han inventado. En un año cualquiera, cuesta unos 500 millones de dólares instalarlos en todos los vehículos estadounidenses, lo que da un coste aproximado de 30.000 dólares por cada vida salvada. ¿Cómo se compara esto con un artefacto de seguridad mucho más complejo, como el airbag? Con un precio anual total de más de 4000 millones de dólares, los airbags cuestan aproximadamente 1,8 millones de dólares por cada vida salvada.”

Livitt y Dunbner citan una serie de ejemplos similares y quizás mucho más gráficos de este fenómeno, que les causará más de una sorpresa si leen el libro.

También demuestran la aversión de aquellos llamados a tomar decisiones, de considerar las soluciones simples y baratas y de los destinatarios a ponerlas en practica, como por ejemplo, dotar a los autos de cinturones de seguridad y de los usuarios de abrocharse el cinturón o de los médicos de lavarse las manos antes de atender un parto.

Lo anterior se debería principalmente al conservadurismo cognoscitivo y a que los seres humanos no somos tan racionales como la teoría económica clásica plantea.

Chile se encuentra literalmente movilizado frente a las posibles soluciones al problema de la matriz energética, o se destruye parte de la Patagonia y se trazan un par de miles de kilómetros de tendidos de alta tensión o dentro de unos años más, no tendremos luz para para prender el computador -menos para leer este blog- ni para calentar la mamadera de tu hijo, por otro lado podemos quemar carbón o tapar enormes extensiones de terreno con paneles solares (que sólo retienen el 12% de la luz solar, el resto la rebotan calentando el aún más ambiente) o con molinos para generar energía eólica.


Lo mismo ocurre con el debate en torno a la educación y si el lucro es o no la causa de todos los males.

Quizás en ambos casos, al igual que en otros, convendría recurrir al pragmatismo y a la simpleza a la hora de buscar mejores y más baratas salidas a problemas que parecen insolubles.



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